Historia del Calzado I
El calzado más antiguo que se conoce es un par de sandalias fabricadas con paja trenzada, y que provienen de Egipto.
Las sandalias de los egipcios eran hechas de paja, papiro o entonces de fibra de palmera.
Los egipcios eran muy limpios y atendían con esmero su cuerpo y su ropa. Tenían pedicuros que les embellecían los pies. En la vida cotidiana el hombre común iba descalzo y solo en alguna ocasión especial usaba sandalias. Las sandalias comunes o para la vida cotidiana se hacían de papiro (Cyperus papyrus) y también de de hojas de palmera datilera
La sandalia es un calzado consistente de una suela, de cuyo extremo parte la traba que pasa entre los dos primeros dedos y se une al empeine por dos tiras que sostienen la garganta del pie.
Las sandalias eran conocidas desde la prehistoria, pero en el caso de Egipto se las usaba en ocasiones especiales. La mayor parte de la indumentaria fue hallada en las tumbas.
Las babuchas, también con
o
cidas como
“pantuflas”, comenzaron a utilizarse en el siglo XII por los moros.
Las babuchas fueron evolucionando según los materiales que se utilizaban para su fabricación . En su confección se han empleado metales, pieles (algunos sin curtir o con pelo), hojas de palmeras, maderas de diferentes tipos, sedas, bordados y una larga lista de materias diversas.
El Calzado en la Edad Media
Nos trasladamos a la caída del imperio romano, la unidad europea basada en el legado romano utilizó materiales que provenian del antiguo imperio.
Su calzado, según la clase social, eran las sandalias , los zuecos , los borceguíes y los zapatos muy puntiagudos e incluso las mismas calzas, que a menudo llevaban adheridas al pie unas suelas puntiagudas y largas. En la Edad Media, hombres y mujeres usaban zapatos de cuero muy semejantes a las zapatillas. El material predominante era el cuero de vaca y cabra, siempre distinguiendo entre las clases sociales.
Los nobles calzaban botas de piel y seda bordadas con piedras preciosas y la clase pobre, usaba zuecos de madera.
Precisamente con la finalidad de elevarse por encima de las inmundicias callejeras aparecieron los zuecos en la Edad Media. Tuvieron su origen en el norte de Europa como un calzado adicional, en parte o totalmente de madera, con una base gruesa para proteger los buenos zapatos de cuero del usuario contra el barro y la suciedad de las calles. En meses más cálidos, solían usarse en vez de los zapatos ajustados de cuero.
TACONES ALTOS (siglo XVI, Francia)
Los tacones altos no aparecieron de la noche a la mañana. Crecieron, centímetro a centímetro, a lo largo de las décadas, y la tendencia más extrema se inició en la Francia del siglo XVI. Y aunque el término “tacones altos” se convertiría más tarde en rúbrica para el calzado femenino, tales zapatos los llevaron primero los hombres. En el siglo XVI hubo relativamente poca evolución en el calzado de las mujeres, puesto que quedaba oculto bajo las faldas largas.
La ventaja de un tacón más bien alto se apreció primero en la equitación, ya que estos tacones aseguraban los pies en los estribos. Por consiguiente, las botas de montar fueron el primer calzado rutinariamente dotado de tacón alto. Y durante la Edad Media, cuando el hacinamiento y las pésimas condiciones sanitarias hacían de las deposiciones humanas y animales un desagradable obstáculo en las calles, las botas con suela gruesa y tacón alto ofrecían unos centímetros de protección práctica, así como una altura adicional de innegable valor psicológico.
Luis XIV, El Rey Sol, impuso algunas de sus costumbres en el vestir: enormes pelucas de pelo natural, mangas adornadas de ricos encajes venecianos y, como no, sus famosos zapatos de tacón alto. Zapatos exquisitos y únicos elaborados siempre por su zapatero personal, el francés Nicholas Lestage. Un artesano al que dio precisas instrucciones: refinados, aunque adornados con vistosos lazos, brocados y piedras preciosas; suelas de color rojo; tacones con una pequeña curvatura; bordados en plata con escenas de batallas… Todo un derroche de imaginación y sofisticación. Hasta tal punto el Rey era fanático de sus nuevos zapatos que -en parte, para hacer constatar su supremacía- prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte y aquel que le desobedeciera sería castigado con la pena de muerte.



